Bebés (0-3)

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El principal objetivo de nuestras clases es el desarrollo de la inteligencia musical de los niños. Esto lleva consigo, no sólo el acceso más adecuado a todos los beneficios que ya se sabe que genera el estudio de la música (tales como el desarrollo cognitivo, comunicativo, motor, social, etc.), sino también la vivencia en familia y de una forma natural y feliz de este maravilloso lenguaje que es la música.


Estas sesiones son quizá las más especiales de todas. Desde el nacimiento (de hecho, ese es el mejor momento para comenzar, según E. Gordon), un bebé puede comenzar a sentir la música en familia y con naturalidad. En los aproximadamente 45 minutos que dura cada sesión, creamos un espacio no verbal muy cuidado y únicamente buscamos una comunicación musical. Por eso es conveniente saber que no se debe hablar durante estas clases, ni con el niño ni con otros padres, para no desviar la atención de la verdadera protagonista: la música.


Estas clases están diseñadas para que un bebé pueda aprovecharlas al máximo haciendo lo más importante que un músico debe hacer y para lo que un bebé está más capacitado que nadie: escuchar. Durante muchos años no se ha contemplado la enseñanza musical para bebés; todavía es muy frecuente pensar que un bebé, por el hecho de no poder hablar o tocar un instrumento, no puede aprender música.

Sin embargo, la capacidad de absorción del lenguaje de la música entre el nacimiento y los 5 años es, con mucha diferencia, la mayor que poseemos a lo largo de nuestra vida. En concreto, sabemos que el niño de 2 años posee más conexiones entre las neuronas que un adulto y que el cerebro del bebé parece ser particularmente plástico con respecto a la experiencia musical.

Para que esa escucha sea la más adecuada, no empleamos música grabada sino que sólo utilizamos el canto y, a lo sumo, el acompañamiento de algún instrumento en algún momento puntual de la clase. Cantamos y recitamos en numerosos modos y métricas existentes; nuestro objetivo no es que los bebés aprendan las canciones, sino ser buenos modelos de musicalidad cantando un repertorio muy variado – a la vez que repetitivo.


Sin duda, uno de los aspectos más importantes en estas clases – como, en realidad, en todas las etapas descritas por Gordon – es el movimiento. Nos basamos en los tipos de movimiento tipificados por Rudolf Laban, y aplicados a la MLT por Gordon, para favorecer el proceso de asimilación musical. El movimiento es necesario para aprender el idioma de la música.


A pesar de dirigir las clases a bebés, un elemento central de las mismas es la interacción musical entre profesores y bebés. Esta comunicación a veces es grupal y otras, individual. Y dependiendo de la etapa en la que esté cada niño se llevará a cabo de una forma u otra. Pero los bebés siempre sentirán, desde el primer momento, que la música es un lenguaje a través del cual podemos comunicarnos.

Algunos de los materiales que empleamos en estas clases son pañuelos de nylon, huevos sonoros, elementos de juego cooperativo (paracaídas, octoband, etc.) o marionetas. Todos ellos tienen por objetivo principal ayudarnos a captar la atención de los niños en actividades especialmente diseñadas para que puedan enfocarse de lleno en la música.


La experiencia nos dice que los padres se llevan a casa una energía especial y renovada tras vivir el ambiente que suele envolver a estas clases con bebés, además de la satisfacción de sentir que están acompañando a sus bebés en sus primeros pasos de aprendizaje musical. Poco a poco van aprendiendo un repertorio rico y variado que poder cantar a sus hijos en las actividades cotidianas (darles de comer, dormirlos, columpiarlos o llevarlos de paseo).

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