Hablar de escuchar y cantar un "repertorio variado" puede sonar como un concepto demasiado general y ambiguo. Y realmente lo es, si no matizamos a qué nos referimos.
Por ejemplo, podemos escuchar un repertorio variado dentro de la música rock si incluimos muchos grupos con diferente instrumentación, sonido y estilo. Cualquier melómano de la música clásica o del jazz seguramente escuchará un repertorio muy variado, pues son enormes las diferencias tímbricas, formales o conceptuales que existen entre una sinfonía del clasicismo y una pieza para solista del siglo XX.
Sin embargo, cuando en el entorno de la Estimulación Musical Temprana y la Music Learning Theory de Edwin Gordon hablamos de trabajar con un repertorio variado, nos referimos básicamente a algo mucho más profundo para el oído del bebé: que dentro de su escucha cotidiana pueda absorber música en diferentes modos y métricas.
¿Qué es esto de los modos y las métricas musicales?
Por decirlo de una manera sencilla, podemos entender un modo musical como una forma de ordenar los sonidos y las distancias entre notas en una melodía. Esto no es ningún invento reciente; de hecho, suelen conocerse como modos griegos porque se utilizan desde la antigua Grecia y fueron la base fundamental de los cantos gregorianos y del folclore tradicional.
Cada modo musical tiene su propio color y atmósfera emocional… y aunque uno no sepa absolutamente nada de teoría musical, al comparar dos canciones en diferentes modos no le resultará difícil percibir la sonoridad particular de cada uno. El hecho de que en un modo las notas fundamentales se sitúen medio tono más arriba o abajo que en otro puede parecer algo técnico sobre el papel, pero resulta muy sencillo y mágico de sentir al escucharlo.
En cuanto a las métricas, podemos entenderlas como la estructura rítmica y la agrupación de pulsos que late debajo de cada música que escuchamos. Al igual que con los modos, podemos teorizar mucho sobre ellas, pero resulta mucho más interesante simplemente caminar o balancearse mientras se escucha una música y sentir su métrica con nuestro propio cuerpo. Aunque no sepamos darle nombre técnico a la métrica que suena, nuestro cuerpo será capaz de sentirla.
El "libro de las 50 palabras" en la música infantil comercial
Cuando hablamos de utilizar un repertorio variado para estimular a nuestros pequeños nos referimos a que, para que la escucha resulte verdaderamente nutritiva para su cerebro en pleno desarrollo, no hay nada como ofrecerles músicas en varios modos y métricas: es decir, una música con un mayor "vocabulario musical".
Sin embargo, esto está muy lejos de ser lo habitual. La inmensa mayoría del cancionero popular infantil sólo utiliza uno o dos modos (casi siempre el modo mayor y, muy de vez en cuando, el menor) y una o dos métricas (la métrica binaria y, con mucha menos frecuencia, la ternaria). Rara vez escuchamos los modos dórico, frigio, lidio, mixolidio, eólico o locrio en las canciones infantiles comerciales, ni tampoco métricas irregulares de 5 o 7 tiempos. En otras palabras: podemos ponerle a nuestro bebé 100 canciones infantiles distintas y que su cerebro esté escuchando continuamente las mismas "palabras musicales".
De hecho —y para ser justos—, esta característica no es exclusiva de la música infantil: gran parte de la música comercial que escuchamos los adultos a diario se basa en esa misma reducida combinación. Esto no quita, por supuesto, que esa música pueda encantarnos o emocionarnos; pero en cuanto a la variedad de estructuras que le ofrece al cerebro de un bebé que está construyendo los cimientos de su oído, viene a ser como si quisiéramos enseñarle a hablar leyéndole únicamente un libro escrito con 50 palabras.
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